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En la ruta hacia Mendoza...
Thursday, 21 de February de 2008
 
El auto funcionó perfectamente  los primeros kilómetros me lo confirmarn. De hecho, todo salió muy bien hasta los 100 km, donde sentí una pequeña pérdida de potencia. Sin saber si se trataba de falta de aire debido a la altitud, decidí continuar suponiendo que sería mejor para mi presupuesto hacer verificar el motor del lado argentino.
 
Subí por la ruta de los Andes con dificultad (en primera...) mientras muchos camiones me pasaban los camiones. Mi angustia creció hasta que por fin llegué a la aduana. Pasaré sin problemas (=sin coimas?). Veinte minutos más tarde, para mi gran sorpresa, estaba del otro lado. El primer paso de frontera se lograba fácilmente: me alegré muchísimo!
 
Lógicamente, la bajada se llevó a cabo sin problemas. Cerca de la medianoche, observé que la aguja del tanque se había bajado mucho más rápido que mi cálculo inicial. Y a la una se terminó de vaciar, literalmente, frente a una estación de servicio... que no aceptaba tarjetas de crédito. Voy a la estación de enfrente: el lector de tarjetas de crédito se encontraba  “temporalmente no disponible” (desde hace algunos meses como me explicó el cajero).
 
Compré cuatro litros con dólares americanos, eso debía alcanzar para llegar hasta Mendoza. Velocidad máxima: 70 km/h. La pérdida de potencia realmente me inquietaba demasiado, pero logré llegar a destino!
 
Llamado de atención a los lectores: todo lo que escribo es verídico y trato de narrarlo lo más preciso posible. Los eventos indicados, tan increíbles como parezcan, son puramente el producto del azar y no son de ninguna manera el relato de una obra de ciencia-ficción!
 
A las 2:10 hs., el motor del escarabajo se paró en un semáforo en rojo. Imposible volverlo a arrancar. Comencé a empujarlo para pasar la noche al borde de la calle, cuando un vehículo se paró 100 metros más lejos. Me acerqué, se trataba de un taller mecánico; me ofreció dejar el auto en el interior del taller por el resto de la noche y me acompañó hasta un hotel.
 
Al otro día volví en busca de novedades. Conocí unos clientes que me dijeron que caí en el mejor mecánico de Mendoza. Una pequeña luz en mis ojos. Conocí mejor a Pepe y a Gonzalo quienes me invitaron a un asado con amigos al día siguiente!
 
Ellos me hicieron sentir como en casa. Charlamos hasta las 5 de la mañana sobre las energías renovables.
 
Tres días más tarde, después de visitar las bodegas, las novedades sobre el auto me tranquilizaron: el problema fue identificado y arreglado rápidamente. Intentamos hacer arrancar el motor, que tosió dos columnas de humo negro antes de hacer un ruido típicamente ronroneante. La alegría se veía en mi cara, todos se alegraron de contribuir en el Proyecto H2. Miré la factura y me di cuenta rápidamente de que se estaban patrocinando el proyecto!
 
Quiero agradecer aquí a todo el equipo de P.P. Fram (Pepe, Gonzalo, Sandra, Ala, Arturo, Tom y Margarita!) por su calurosa recepción y su apoyo incondicional.
 
Solamente me faltaba despedirme y tomar la ruta hacia Buenos Aires, asegurándoles que volvería a visitarlos.