| Todo empezó así |
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| Friday, 12 de October de 2007 | |
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Hay olor a aventura… el condimento que aporta lo desconocido y el placer de descubrir cosas nuevas… todos estos son los ingredientes de una historia para ser contada al lado del fuego. Es una receta que me llevó un tiempo conocer. Me siento en la mesa e invito a todos los curiosos a sentarse conmigo. Pero antes de empezar con la degustación, advierto: esta comida es picante: un escarabajo (el auto), los sabores de Latinoamérica y, por supuesto, una pizca de sofisticación culinaria: modificar el auto para que funcione con hidrógeno. Con los codos apoyados en la mesa, y la cabeza apoyada en las manos, acá no hay reglas: comienzan a desfilar los platos en un orden incoherente, pero al final habremos probado muchos sabores y, espero la cereza del postre en California… Así que: a la mesa! Antes de esto, yo era un feliz director de marketing de una agencia de viajes inglesa. Llevaba una vida tranquila en Nottingham: deporte, chicas, plata. En realidad, esto último hoy me parece como mucho. Compré un departamento y ahorré (no soy de la clase de gente que se gasta toda la plata en noches de locura y de alcohol). Tres años más tarde, los objetivos que había definido con mi jefe fueron enormemente sobrepasados y el bonus que acumulé comenzó a molestarme. Surgió entonces una paradoja: a pesar de mis buenas intenciones de reciclar e interesarme por energías renovables, mis necesidades inducidas por el consumo se orientaban hacia productos enemigos de la naturaleza: pantalla plana, viajes en avión, autos de lujo… Un día decidí comprar un Porsche Cayenne : 0-100 en 6”, 15l/100km, 280gCo2/Km… un monstruo de la tecnología y fuente de orgullo para su propietario. Mi intención era convertirlo a GPL o incluso a algún otro combustible para volverlo más ecológico. Después tomé conciencia de que sería difícil realizar esto en Inglaterra, en el ámbito de mi trabajo, con este auto. Renuncié a comprarlo y luego coqueteé un tiempo con la idea de comprar una Ferrari 456… En esa época sufría, me despertaba en la noche preguntándome en qué estaba a punto de convertirme. Si era tan feliz, ¿por qué no guardar la plata, comprarme una casa en el sur de Francia y probar suerte allá? Pero comprar otra casa me hubiera obligado a seguir trabajando, a necesitar más plata, a no depender de mis sueños sino de mis ambiciones… Era demasiado. No podía seguir así. Necesitaba respirar, viajar, seguir mis sueños... Renuncié, pasé algunos meses instruyéndome acerca de las energías renovables. Y me decidí a aprender más sobre el hidrógeno y especialmente sobre su uso en motores clásicos de combustión interna. Decidí hacer esto en América del Sur, así es que compré un pasaje de avión hacia Guadalupe. Dos meses más tarde llegué a Buenos Aires y comencé a trabajar en el Proyecto H2. Este proyecto es un poco mi redención, mi rehabilitación hacia el mundo que había dejado. Quiero demostrar que existe un montón de otras salidas. El hidrógeno es una de estas. No quiero ser más la víctima de lo que nos ofrecen las grandes empresas (o de lo que justamente no nos proponen) sino vivir en el mundo actual de acuerdo a lo que soy y a los que mis hijos querrán que sea: un habitante cuidadoso del planeta que se asegura de dejarles un lugar limpio y habitable. Me voy a esforzar en no decepcionarlos. Buenos Aires será el cuartel general de mi ofensiva. |
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